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Gregorio Uribe es un compositor, cantante, letrista y director de la Gregorio Uribe Big Band, una de las principales atracciones de la música latina en Estados Unidos, que ha sabido compartir escenario con artistas de la talla de Rubén Blades y Carlos Vives.

Gregorio pasó su adolescencia tocando batería en bandas de rock, acordeón en serenatas Vallenato y la guitarra en un trío de Bolero. A los 17 años tomó su mochila y viajó por ocho países de América del Sur llevando su música en calles, autobuses y playas, de las grandes ciudades y pequeños pueblos.

En el 2012 lanzó un primer álbum en solitario "Pluma y vino". Tras graduarse summa cum laude en el Berklee College of Music de Boston se radicó en Nueva York y conformó una Big Band, compuesta por 16 músicos de seis nacionalidades diferentes, con los que mezcla cumbia y otros ritmos colombianos con los arreglos de las tradicionales Big Band.

Gregorio Uribe Big Band se presenta, desde hace más de cuatro años, el primer viernes de cada mes en el Zinc Bar de Nueva York. Además se ha presentado, entre otros, en el Kennedy Center, Iridium Jazz Club y Celebrate Brooklyn Festival entre otros. El álbum debut de la banda "Cumbia universal", financiado por sus seguidores en una exitosa campaña de Kickstarter*, fue lanzado el 02 de octubre 2015 en un concierto realizado en el Lincoln Center el 14 de octubre.

Gregorio Uribe Big Band se presenta en Diciembre por primera vez en Colombia y el Programa Colombia Nos Une aprovechó su estadía en Bogotá para conversar con este músico colombiano que, a través de su música, logra enamorar de Colombia al resto del mundo.

 

Esta es la primera presentación de Gregorio Uribe Big Band en Colombia, es como regresar a casa no como el hijo prodigo, sino como el hijo exitoso ¿cuál es la sensación en este momento?

Mucha alegría, expectativa y presión, que también es bienvenida. La expectativa se genera porque al estar en el exterior la gente nos ve por las redes sociales o nos escucha a la distancia y este es el momento para que realmente puedan ver lo que somos. Lo siento como un reto y tengo mucha curiosidad de ver cómo responde el público de Colombia, porque mi país siempre ha estado presente en lo que hago, y tengo esa sensación de responsabilidad de mostrar en mi tierra lo que estamos haciendo afuera.

Si bien no tengo un ritual para antes de empezar la presentación, seguramente buscaré un momento de introspección, para recordar ese bagaje que traigo y quiero llevar al escenario; un momento para hablarme y decirme: ya estás acá, ya hiciste todo este trabajo, cree en él. También es clave para esta presentación sentir el apoyo de los músicos. Siempre estamos emocionados de tocar juntos, pero imagínate hacerlo en Colombia ¡por primera vez!

Estoy con la curiosidad de qué va a pasar. Estoy con toda la alegría, la esperanza y el ánimo de hacerlo. Cuando uno tiene momentos tan importantes como éste, al otro día o a la semana, te cambian mucho. Eso me pasó cuando lanzamos el disco en Lincon Center. He aprendido a dejar que esos sentimientos hagan catarsis. Sé que será un antes y un después. Espero que sea la semilla que abra las puertas porque me encantaría volver.

¿Esta es una oportunidad para que la gente se re enamore de la música que tradicionalmente se hacía en nuestro país?

Claro que sí, pero igual siento que no estoy solo. Mi generación ha sido muy admirable porque ha estado tratando de encontrar su identidad y reconocerla, escarbando en nuestras raíces todas las riquezas que hay en Colombia. Me considero parte de eso, pero obviamente no soy el único. Muchos grupos colombianos actuales fusionan ritmos colombianos con ritmos más actuales en tu caso se percibe un mayor acercamiento a las raíces de nuestra música.

¿Cómo sientes la aceptación del público al regresar a las raíces sin necesidad de mezclarla con sonidos tan electrónicos?

Yo principalmente siento que escribo canciones; mi manera aportar es a través de canciones originales, a diferencia de hacer arreglos de canciones viejas o tradicionales. Los temas de los que estoy hablando en las canciones, las armonías, las influencias de jazz, todo esto es mi manera de pintar la música colombiana, mi formato único. La reacción del público es diferente, dependiendo de lo que la gente espera; si la gente viene a buscar música tradicional en lo que hago, se equivocó porque para eso hay gente lo hace mejor; gente que nace en el folclore y mantiene su tradición muy bien, a quienes admiro y respeto. Lo que trato de presentar es una propuesta de unir Nueva York con Colombia a través de la música.

¿Por qué adelantar el plan de vida fuera del país?

Mi plan nunca fue tan claro, fue más circunstancial. Me fui a estudiar a Boston, una oportunidad única y especial, pero siempre pensé que regresaba en cuanto terminara. Sin embargo, dije ya que estoy acá ensayemos Nueva York, es una ciudad importante musicalmente en el Latin Jazz y el Big Band y me enamoré de la ciudad y ella me recibió muy bien también; sentí una conexión personal y musical. Tuve la oportunidad y quise aprovechar las circunstancias del momento, sin embargo sigo con la duda de cuándo vuelvo, si vuelvo o qué va a pasar. Para mí no es claro si me quedo allá.

¿Cuál es la anécdota que más recuerda de esas primeras semanas como migrante?

Yo fui a Boston como baterista, quería estudiar sobre el instrumento y aprender mucho de jazz. Al llegar uno encuentra una competencia increíble, hay músicos impresionantes de todos lados del mundo; sobresalir es muy difícil. Alguna vez, en una fiesta saqué mi acordeón y la gente quedó muy sorprendida al escucharlo y sentir en él algo especial. Ese fue uno de los primeros llamados a pensar en él como algo interesante, único, que sobresale, una riqueza que allí no se conoce muy bien. Eso marco también lo que hago hoy.

Posteriormente Juan Luis Guerra, quien también estudió allá, fue a dar una charla y me sentí muy identificado cuando contó una anécdota similar. Él también llegó como guitarrista a estudiar en Berkley y alguna vez estaba tocando con unos amigos y tras presentarse y hacer un solo de lo más virtuoso que sabía, se dio cuenta que para todo el mundo fue normal; aburrido quiso pasar el mal rato tocando una guira dominicana y fue en ese momento que la gente se enganchó con su música. Soy un gran admirador de él y me encanta su trabajo, me sentí muy identificado cuando contó eso.

¿Desde el ingreso a Berklee era claro que la idea era acercarse a las raíces de la música colombiana o fue más bien un proceso casual?

Fue más casualidad. Tomó un tiempo. Hubo un par de anécdotas como la anterior. Recuerdo una de las primeras clases de arreglos para vientos en la que estábamos aprendiendo como escribir para trompetas, saxofones, trombones, al finalizar nos pidieron que lleváramos un ejemplo de algo de música hecha con estos instrumentos. Buscando en la música que tenía me encontré con algo de Lucho Bermúdez y lo llevé a clase. Allí me di cuenta que no estaba tan desconectado, porque crecí sintiendo que la música del maestro Bermúdez era solo de baile, para gozar en las fiestas, y que la música que podía aprender en Berklee era música seria. De esa dicotomía aprendí que las dos cosas se podían unir y convivir en una persona.

¿En qué momento se consolida la idea de montar una Big Band y empezar a hacer la fusión entre el jazz y la música colombiana?

Al final de la universidad, me doy cuenta que estoy rodeado de más o menos 4.000 músicos de todos lados del mundo, muy buenos. Uno siempre está buscando la respuesta a las preguntas ¿qué me va a hacer único? ¿cuál va a ser mi sonido?. Decidí que la música colombiana y lo de Big Band que había aprendido en la Universidad, era lo que quería fusionar.

Gregorio Uribe Big Band cuenta con 16 músicos de 6 nacionalidades diferentes. ¿Cómo hace para acercar esas personas -algunas no tan distantes como en el caso de Argentina, otras sí, como en el caso de Suiza- a nuestra música e invitarlos a participar en un proyecto de este tipo?

Hay varios elementos. Ahí es donde Nueva York ayuda mucho porque es una ciudad llena de músicos muy buenos de todas partes del mundo. La gente está acostumbrada a tocar diferentes tipos de música; en parte creo que es por eso que van muchos músicos allá, hay una búsqueda de colores y nuevos formatos; la gente está abierta a buscar cosas nuevas.

La segunda clave es el formato Big Band. Los músicos de jazz tienen un espacio especial en su corazón para las Big Band, les interesa participar en ellas porque están interactuando, conociendo, haciendo Networking con muchos músicos y porque quieren apoyar y hacer música nueva. No se trata solamente del concepto de una orquesta grande, es una tradición en Estados Unidos. Inconscientemente me estaba apoyando en una tradición. Al invitarlos a participar en una Big Band, fue más fácil para ellos entender la búsqueda sin importar si el formato era colombiano o brasilero.

Lo otro es que el jazz se ha revitalizado con los ritmos latinos que le han dado mucha alegría. El jazz es muy amplio, pero hay formatos que se han vuelto más exclusivos, un poco más intelectuales, y nuestros ritmos, nuestros colores, le dan una alegría que lo revitaliza y eso a la gente le interesa.

En algunas reseñas lo acercan a la Orquesta del maestro Lucho Bermúdez, ¿qué tanto pueden asemejarse y qué tan distantes están?

Lucho Bermúdez es el referente más importante de Big Band colombiana, me consideraría más un aprendiz, un seguidor de él. Yo soy “cantautor disfrazado de director de Orquesta”, como titularon una entrevista en El Espectador. Eso lo hace particular, yo estoy escribiendo canciones como cualquier cantautor que se sienta primero con la guitarra y después las arregla, Lucho Bermúdez era más un instrumentalista y compositor de orquesta.

Si nos ves en el escenario seguro puedes decir: bueno son como los mismos instrumentos, pero en los colores, en las armonías, en las letras es donde encuentro la diferencia. Para mi es una diferencia más de fondo que de forma.

Canciones como Vivir en el caribe, hablan del sueño que tenemos en Latinoamérica de vivir cerca al mar, sin embargo hay canciones como El Avispado que tocan un tema más cultural de nuestros pueblos. ¿Se le canta al reflejo de la idiosincrasia latina?

Jejejeje… si en la primera canción se trata no de cantarle al sueño americano, sino al el sueño caribeño latinoamericano.

Creo que esa influencia es culpa de Rebén Blades. Siempre he tratado de ver las dos caras de la moneda, tanto lo bueno como lo malo. No me parece justo con el mundo decir Colombia es divina, perfecta y punto o Colombia es mala y punto. Tenemos cosas buenísimas y cosas muy difíciles y muy complicadas.

En canciones como Vivir en el caribe puedo decir tenemos lugares lleno de magia, pero también soy consiente de que los colombianos y latinoamericanos nos topamos con una cultura que aplaude la trampa y le llama bobo al que no respeta las reglas, nos quejamos de la corrupción, pero no pensamos que es un tema individual en el que debemos pensar si le cumples a los demás, en cómo eres en el trabajo, en el bus, en los detalles del día a día. En esa canción –El Avispado- hablo de cuatro personajes ficticios, de diferentes géneros, estratos sociales, edades, entre otros, para decir que no solo se trata de “esa gente”, sino que está en todos lados.

Esas frustraciones las tengo que poner en canciones porque es la única forma de mostrarlas, y no estoy jugando al santo, porque sé que soy parte de esa idiosincrasia, pero al escribirla y al pensarla me obligo a reflexionar y espero que haga reflexionar al que la escuche también.

Durante la visita a Colombia se ha hablado mucho de canciones como Caribe contigo o Cumbia Universal. Más allá de ellas nos podrías contar ¿qué hay detrás de una canción como Mi súper héroe, hay algún tipo de anécdota personal o alguna influencia externa, como del libro El Olvido que seremos, de Héctor Abad, que tiene tomas especiales en el video clip?

Mi Superhéroe la escribí para mi papá en un cumpleaños, es una manera cariñosa de decirle que siempre lo admiré de diferentes maneras, cuando tenía 5, 15 y 25 años. Lo interesante es que mucha gente se ha identificado con ella, no solo para su papá sino también para su mamá, su tía, su abuelo u otras personas que admiran.

Respecto al detalle del libro me alegra mucho que hayas notado eso porque mucha gente no lo ve. No sé que tan conocido es Héctor Abad fuera de Colombia y seguramente habrá quien no entenderá por qué está ese libro ahí o simplemente no le paran bolas, pero sí, es una referencia. El libro me sacó una que otra lágrima, es bellísimo. Espero que Héctor Abad haya visto el video; alguna vez se lo mandé, no sé si le habrá llegado.

Cuando estábamos haciendo el video quise incluir esa referencia; en la mayoría de videos que he hecho intento incluir algunas cosas que van más allá de la canción, tratando de conectar la letra con esos elementos.

El disco, Cumbia Universal, se logró a través de una colecta de fondos a través de Kickstarter. ¿Cómo lograron convencer a la gente para que aportaran fondos para el proyecto?

Es un reto, el crowdfounding es una oportunidad muy chévere para los músicos y artistas independientes, pero a veces creo que la gente no comprende que es un trabajo de 24 horas. Tienes que estar encima mandándole mensajes a todo el mundo, viendo qué gente te puede conectar otras personas a las que les pueda interesar el proyecto. Los dos meses hay que estar dedicado a eso.

Lo clave en nuestra campaña fue que el grupo lleva más o menos 8 años y no habíamos podido grabar un disco, pero ya teníamos un público que también estaba con tantas ganas del disco como nosotros. Creo que la gente sintió que llevábamos mucho tiempo trabajando y que merecíamos tener una grabación para compartir. Se sintió ese apoyo gracias a que no fue que lo inventamos y lo sacamos, sino que llevábamos años trabajando y la gente apoyó eso.

Anteriormente brindaste apoyo a la Fundación Alma, con el disco "Pluma y vino". ¿Cómo fue esa experiencia?

Lastimosamente Alma ya no existe. Lo que se propusieron lo alcanzaron a hacer a través de un trabajo de 3 o 4 años de proyectos de artes para niños en Latinoamérica. La persona que empezó el proyecto es una gran amiga mía y se me acercó a pedirme ayuda para crear la idea de alguno de los programas para los niños.

Escribí la canción “Los niños del Alma” para la organización con el fin de que la usaran para promoverse, para que los niños la cantaran, para darle un impulso al proyecto. Incluimos la canción en el álbum Pluma y Vino; ellos también nos apoyaron y decidimos donar el 10% de las ganancias del disco para la Fundación. Fue una conexión muy linda, muy orgánica con los programas que ellos estaban haciendo y claramente, como era con música y arte, sentí que era lo más coherente que podría yo apoyar.

¿Durante los ocho años de trabajo de Gregorio Uribe Big Band, con qué escena ha sido más fácil conectar, la internacional de donde vienen o la escena colombiana?

No puedo hablar de la colombiana de realmente porque, aunque he venido una que otra vez -como cuando vine y toqué Pluma y vino- ha sido de manera muy pequeña. Esta es la primera vez que traigo la orquesta, mi proyecto, mi bebe, ya casi un adolescente. En Nueva York hemos estado tocando mensualmente desde hace casi 8 años, esta es la primera vez que viene toda la orquesta a Colombia.

Quiero mantener la conexión, porque me gustaría estar entre los dos sitios. Los dos me interesan mucho. Quiero ser parte de la escena acá y compartir con la gente en Colombia, sin dejar de aprovechar lo que hemos logrado allá con un público internacional.

Me siento muy agradecido que el público, familia, amigos, seguidores, la gente del Teatro Colón hayan creído en este trabajo que estamos haciendo en el extranjero. No le he podido dar el tiempo suficiente acá para poderlos comparar, pero sí he sentido un apoyo muy especial.

Muchos colombianos brillan en el exterior pero no son conocidos en el país. ¿Qué puede hacer falta para romper las fronteras del exterior hacia el país?

No tengo la respuesta exacta pero parte de lo que estamos haciendo en este concierto es eso. Tenemos tres músicos locales invitados y era esa idea, formar un puente. Siempre he intentado estar conectado, por ejemplo estoy muy pendiente de los grupos que hay acá. Me gusta estar conociendo propuestas; cuando van allá voy a verlos y le aviso a la gente de allá: me gusta apoyarlos y ojalá lograr así el mismo apoyo cuando vengo.

En nuestros conciertos en Colombia, tenemos tres invitados locales, representando cada uno las diferentes influencias de nuestra música. Es una manera de compartir y honrar el trabajo de músicos desde la combinación de culturas. Quiero explorar, ahora que estamos tocando en espacios como el Lincon Center en Nueva York, y aprovechar esas plazas para traer músicos de allá como invitados.

En Nueva York hay, desde hace 12 años, un festival de músicos colombianos del que hemos sido parte; la gente está en su búsqueda de identidad allá muy parecida a la de acá y bonito que eso se comparta.

En diversos espacios has hablado de lo interesante que sería trabajar con artista como Carlos Vives, Juan Luis Guerra o Jorge Drexler, ¿hay algún artista colombiano migrante con el que te interesaría trabajar?

Se me ocurre más de uno, pero la primera que se me viene a la mente, y creo que en algún momento podemos colaborar porque es gran amiga y la admiro un montón, es Martha Gómez (artista colombiana residente en Barcelona). Siempre ha sido muy cariñosa conmigo, con mi trabajo, hay un muto respeto y espero en algún momento poder compartir con ella en alguna parte.

En 2012 fuiste reconocido como uno de los 100 colombianos destacados en el exterior. ¿Ese reconocimiento de qué manera ha impactado a Gregorio Uribe?

Esas cosas, como premios o reconocimientos, más allá de la vanidad, son un impulso al ánimo. Eso es bonito. Cuando hay cosas así, las recibo con cariño porque a veces el camino del arte es solo, o te hace sentir luchando contra la corriente y se siente como palmadas en la espalda. El reconocimiento si me ha ayudado en temas de difusión, pero realmente siento que hacen parte del recorrido que he venido realizando para crear una carrera.

Después de estos años como migrante y como músico en carrera de éxito, ¿qué te una aún a Colombia?

El sentido de pertenencia. Estoy allá muy contento, muy agradecido con la ciudad, pero aún siento que no soy de allá y no sé si me podría sentir alguna vez así. Es difícil explicarlo, porque es más un sentimiento que algo material; no se trata de la arepa o el carriel, es que acá siempre me sentiré realmente en casa.

Nota

Gregorio Uribe, un músico colombiano que crea puentes musicales entre los sonidos de Colombia y el mundo

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Kellycenapadilla38

Hola buenas noches
Vivo en santa cruz me gustaría que me informara sobre el tema de educación en santa cruz de tenerife soy colombiana muchas gracias

Mar, 12/01/2016 - 16:46 Enlace permanente